David Hockney
Un perro dormido también era suficiente

David Hockney murió el 11 de junio de 2026, a los 88 años. Y lo hizo trabajando. Cuando murió, todavía había exposiciones dedicadas a su producción reciente abiertas al público: en Londres, Serpentine mostraba A Year in Normandie and Some Other Thoughts about Painting hasta el 23 de agosto de 2026; en Margate, Turner Contemporary mantenía Sunley Window 2026 hasta el 1 de noviembre.
No hablamos, por tanto, de un artista que llevaba años retirado mirando su propia historia desde lejos. Hockney siguió trabajando prácticamente hasta el final de una carrera de más de seis décadas.
Había nacido el 9 de julio de 1937 en Bradford, Yorkshire, y fue el cuarto de cinco hermanos. Estudió primero en Bradford School of Art y, desde 1959, en el Royal College of Art de Londres. En 1964 viajó por primera vez a Los Ángeles y allí encontró algo que cambiaría completamente su pintura: otra luz, otro clima, piscinas, casas modernas y una cultura visual que tenía muy poco que ver con la Inglaterra en la que había crecido.
California acabaría convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de Hockney.
Pero quedarse únicamente con las piscinas azules sería quedarse con la postal.
Pintar algo que dura un segundo
En A Bigger Splash, de 1967, no vemos a la persona que acaba de lanzarse a la piscina.
Ya ha desaparecido.
La casa permanece completamente quieta, el cielo parece inmóvil y las líneas son limpias. En mitad de toda esa calma aparece una enorme explosión blanca de agua.
Y ahí está precisamente lo interesante.

David Hockney, A Bigger Splash, 1967. Imagen de prensa aprobada, cortesía de David Hockney Inc.
Un chapoteo dura apenas unos segundos. Hockney, sin embargo, necesitó un proceso lento y muy controlado para conseguir que ese instante permaneciera para siempre sobre el lienzo.
Las piscinas no eran únicamente ese símbolo perfecto de California que acabarían pareciendo después.
También eran un problema.
¿Cómo se pinta algo transparente?
¿Cómo se pinta el agua cuando refleja lo que tiene encima y al mismo tiempo permite ver lo que hay debajo?
¿Cómo se representa algo que no deja de moverse?
Hockney volvió una y otra vez a esas preguntas en obras como Sunbather, Portrait of Nick Wilder o A Bigger Splash.
Y, en realidad, esa obsesión acabaría atravesando toda su carrera: cómo vemos realmente las cosas.
California también le permitió representar con mucha más libertad el deseo masculino. Ya a comienzos de los años sesenta había introducido referencias homosexuales explícitas en sus cuadros, cuando las relaciones sexuales entre hombres todavía estaban criminalizadas en Inglaterra y Gales.
Hockney no necesitó convertir sus cuadros en manifiestos.
Simplemente empezó a representar su propia vida sin borrar de ella aquello que se suponía que debía permanecer escondido.
Stanley y Boodgie
Y luego estaban los perros.
Entre 1993 y 1995, Hockney comenzó una serie completamente distinta.
Los protagonistas eran Stanley y Boodgie, sus dos perros salchicha.
No estaban allí como decoración dentro de una escena ni acompañando a alguien más importante.
Ellos eran la escena.
En 1993 empezó a realizar pequeñas pinturas y dibujos del natural de los dos perros y terminó una serie de 45 pinturas en 1995. Parte de aquel trabajo acabaría publicándose en 1998 en el libro Dog Days.
Stanley y Boodgie aparecen durmiendo juntos, encogidos sobre almohadas, mirando hacia otro lado, esperando o simplemente descansando.
No pasa prácticamente nada.

David Hockney dibujando junto a uno de sus perros. Imagen de prensa aprobada, cortesía de David Hockney Inc.
Y eso es precisamente lo bonito.
Hockney llevaba años pintando a las personas que quería: amantes, amigos, padres, colaboradores. Sus perros entraron exactamente en el mismo mundo.
No eran simplemente “los perros de David Hockney”.
Eran dos seres que veía todos los días, que conocía perfectamente y en los que podía observar pequeñas diferencias que seguramente para cualquier otra persona habrían pasado desapercibidas.
En 1994 llegó incluso a exponer aquellos retratos junto a dibujos de familiares y amigos bajo el título Some Drawings of Family, Friends and Best Friends 1993–1994.
Los perros eran, literalmente, sus best friends.
Y quizás ahí haya una de las cosas más sencillas y más bonitas de toda su obra.
Hockney no necesitaba que ocurriera algo extraordinario para decidir que merecía ser pintado.
Un perro dormido era suficiente.
Pintar a las personas de su vida
La misma atención aparece constantemente en sus retratos.
Hockney pintó una y otra vez a personas cercanas: Peter Schlesinger, Celia Birtwell, Ossie Clark, Henry Geldzahler, Christopher Isherwood, Don Bachardy y, por supuesto, sus padres.
Vistos juntos, muchos de esos cuadros parecen una especie de autobiografía contada a través de otras personas.
Uno de los ejemplos más conocidos es Mr and Mrs Clark and Percy, realizado entre 1970 y 1971.

David Hockney, Mr and Mrs Clark and Percy, 1970–71. Imagen de prensa aprobada, cortesía de David Hockney Inc.
Los protagonistas son Celia Birtwell y Ossie Clark, amigos de Hockney. Él había sido padrino en su boda. Percy, pese al título, no era exactamente el gato que aparece en el cuadro: el animal retratado era Blanche. El nombre Percy quedó en el título.
En My Parents, de 1977, Hockney volvió hacia su propia familia.
Su madre está sentada mirando directamente hacia delante. Su padre lee.
No parece estar ocurriendo nada espectacular, pero precisamente ahí vuelve a aparecer esa capacidad suya para convertir una situación absolutamente cotidiana en algo que merece ser observado durante mucho tiempo.
Kenneth Hockney murió en 1979.
El cuadro terminó convirtiéndose además en uno de los retratos familiares más reconocibles de su carrera.
Hockney miraba a una persona casi de la misma manera que miraba una piscina, una carretera o un perro.
Con paciencia.
Una cámara no tiene dos ojos
Durante los años ochenta empezó a interesarse cada vez más por algo que parece obvio hasta que uno se para a pensarlo.
Una cámara no ve como nosotros.
Una cámara fija un único punto de vista y un único instante.
Nosotros no.
Movemos la cabeza. Caminamos alrededor de las cosas. Miramos primero una parte y luego otra. Recordamos lo que acabamos de mirar mientras observamos algo nuevo.
En 1982 Hockney empezó a trabajar intensamente con composiciones hechas a partir de múltiples Polaroids y, después, fotografías de 35 mm.
Las imágenes se superponían, mostrando el mismo espacio desde ángulos o momentos diferentes.
Las llamó joiners.

David Hockney, Pearblossom Hwy., 11–18th April 1986, #2, 1986. Imagen de prensa aprobada, cortesía de David Hockney Inc.
En lugar de utilizar la fotografía para conseguir una imagen supuestamente más realista, hizo prácticamente lo contrario: desmontarla.
Porque para Hockney una única fotografía podía ser menos parecida a nuestra experiencia real de mirar que muchas imágenes juntas.
Después vinieron fotocopiadoras, fax, vídeo, impresión digital, iPhone y iPad.
Nunca pareció tener demasiado interés en decidir cuál era “su” herramienta definitiva.
Si aparecía algo nuevo que podía servirle para investigar cómo vemos, lo probaba.
Volver a Yorkshire
Durante décadas resultaba casi imposible separar a Hockney de Los Ángeles.
Pero desde finales de los años noventa volvió a mirar con atención el paisaje de Yorkshire, el territorio donde había crecido.
Y el cambio visual fue enorme.
Desaparecieron muchas de aquellas piscinas californianas y empezaron a aparecer carreteras, árboles, campos y estaciones.
Verdes.
Ocres.
Violetas.
Caminos que se pierden entre colinas.
En 2007 realizó Bigger Trees Near Warter, una obra compuesta por 50 lienzos que alcanza aproximadamente doce metros de anchura.
Un año después la donó a Tate.
Y hay algo bastante revelador ahí.
Después de décadas experimentando con fotografía, tecnología y nuevas formas de construir una imagen, Hockney seguía volviendo a algo tan básico como salir fuera y mirar un árbol.
Normandía: pintar el tiempo
En sus últimos años trabajó durante largas temporadas en Normandía.
Allí volvió sobre una obsesión que ya había aparecido en Yorkshire: observar cómo cambia un paisaje con el paso del tiempo.
Entre 2020 y 2021 creó A Year in Normandie, un enorme friso construido a partir de dibujos realizados con iPad durante las diferentes estaciones.

David Hockney, A Year in Normandie (detalle), 2020–2021. Imagen de prensa aprobada, cortesía de David Hockney Inc.
Árboles.
Flores.
Lluvia.
Cambios de luz.
Pequeñas transformaciones que, si no se mira con atención, pasan completamente desapercibidas.
En 2026, Serpentine presentó en Londres A Year in Normandie and Some Other Thoughts about Painting. La exposición abrió el 12 de marzo y estuvo programada hasta el 23 de agosto.
Ese mismo año, el 1 de abril, Turner Contemporary inauguró en Margate Sunley Window 2026, una intervención de aproximadamente siete por diez metros basada en un amanecer de Normandía dibujado originalmente en iPad. Permaneció programada hasta el 1 de noviembre.
Hockney murió el 11 de junio de 2026.
Parte de su obra más reciente todavía estaba siendo presentada al público como algo nuevo.
No existía una separación clara entre el Hockney histórico y un artista que hubiese dejado de investigar hacía años.
Seguía trabajando.
Seguía probando.
Y, sobre todo, seguía mirando.
Nunca encontró una técnica definitiva
Hay artistas que encuentran una fórmula y pasan décadas repitiéndola.
Hockney hizo prácticamente lo contrario.
Pintó.
Dibujó.
Grabó.
Diseñó escenografías.
Desmontó la fotografía.
Trabajó con vídeo.
Probó herramientas digitales.
Y cuando parecía que podía abandonar definitivamente una técnica, volvía a ella.
La innovación en Hockney nunca consistió únicamente en utilizar aparatos nuevos.

David Hockney trabajando. Imagen de prensa aprobada, cortesía de David Hockney Inc.
Consistía en no aceptar nunca que el problema de representar lo que vemos estuviera resuelto.
La pregunta seguía ahí.
¿Cómo vemos?
Dónde encontrar a Hockney
Las siguientes instituciones conservan obras de David Hockney dentro de sus colecciones permanentes. Que una pieza pertenezca al museo no significa necesariamente que esté siempre expuesta, por lo que conviene comprobarlo antes de viajar.
Tate, Londres
Conserva algunas de las obras fundamentales de su carrera, entre ellas A Bigger Splash (1967), Mr and Mrs Clark and Percy (1970–71), My Parents (1977) y Bigger Trees Near Warter (2007), además de numerosos dibujos, fotografías y trabajos sobre papel.
Art Institute of Chicago, Chicago
Su colección incluye American Collectors (Fred and Marcia Weisman), de 1968, uno de sus grandes retratos dobles realizados durante su etapa californiana.
Museum of Modern Art (MoMA), Nueva York
Conserva una amplia selección de obra gráfica y trabajos sobre papel que permiten recorrer diferentes etapas de su trayectoria.
National Gallery of Art, Washington D. C.
Cuenta con una extensa representación de su producción gráfica y fotográfica.
J. Paul Getty Museum, Los Ángeles
Su colección incluye trabajos fotográficos especialmente interesantes para entender su investigación sobre la imagen múltiple y su relación con California.
Seguir mirando
Hockney pintó piscinas, amantes, padres, amigos, carreteras, árboles, flores, habitaciones y perros dormidos.
Sobre el papel puede parecer una lista demasiado cotidiana para una carrera de más de sesenta años.
Quizás precisamente ahí esté una parte importante de lo que hizo.
No necesitaba que el mundo fuese extraordinario.
Necesitaba mirarlo el tiempo suficiente.
Stanley y Boodgie dormían.
Una persona acababa de desaparecer bajo el agua.
Un árbol cambiaba lentamente con las estaciones.
Una carretera avanzaba hacia el horizonte.
Hockney podía volver una y otra vez al mismo lugar porque mirar dos veces nunca significaba ver exactamente lo mismo.
Después de tantos países, tantas técnicas y tantos experimentos, la idea seguía siendo sorprendentemente sencilla:
seguir mirando.